Enrique Buenaventura pintor no deja de ser dramaturgo; se apoya en el dibujo
y la pintura buscando otro instrumento artístico que le permita visualizar y
organizar más plenamente la calidad plástica de su expresión teatral.
Dibuja escenas, personajes, vestuarios, encuadres casi cinematográficos,
como lo hacía Eisenstein en su época, cuando dibujaba la totalidad de los
planos que conformarían una película o como Stanislavski, obsesivo dibujante
quien llevaba al papel hasta los movimientos de los actores.
O como nos pasa a los pintores cuando hacemos escenografías; pretendemos
sumergirnos en la dramaturgia para apropiarnos de la obra de teatro,
utilizándola como vehículo para darle vida y movimiento a nuestra obra pictórica,
vestir a los personajes con nuestros lienzos y descubrir que el escenario puede
ser un inmenso cuadro funcional. Nunca podemos ser objetivos.
Enrique tampoco; sus cuadros son parte orgánica de su dramaturgia.
Él no se puede apartar de su oficio primordial, solamente quiere ayudarlo con
otra herramienta estética que controla bien y maneja con gran gusto y se divierte
haciéndolo.
Enrique, Maestro y colega, entre muchas otras cosas que hace usted muy bien,
¡pinta usted muy bien!
Pedro Alcántara