Sí,
sigue siendo adecuada la palabra método pues la reflexión, emprendida
en 1971, pone el acento sobre la materia misma del teatro en su aspecto
elemental: la acción. Traza una vía para la creación de una poesía teatral (dramaturgia del actor) que convierte el conflicto en gesto (en el sentido brechtiano de la palabra).
Leyendo a Hannah Arendt encontramos una definición de la acción que acompleja lo que en el "método" llamamos conflicto y nos ubica ahí, donde nace la necesidad del teatro. “La
acción es la única actividad que relaciona directamente a los hombres
entre sí prescindiendo de objetos y materia, corresponde a la condición
humana de la pluralidad, al hecho de ser los hombres y no
el hombre quienes habitan el mundo… La pluralidad es la condición de la
acción humana porque somos todos iguales, es decir humanos, no obstante
jamás, ninguna persona es idéntica a otro hombre que haya vivido o viva
o aún esté por nacer.”
El
"método" sigue siendo para nosotros una guía que se va transformando en
el proceso plural e impredecible donde, en la acumulación de
improvisaciones por analogía del conflicto (acción), van surgiendo las
imágenes (metáforas en el mejor de los casos) y se va engendrando el
espectáculo teatral que sólo adquiere sentido en el momento de su
relación con el público.
La
creación colectiva no puede nacer sino de un colectivo y la
recopilación/reflexión por escrito que hicimos en lo que se conoce como
"método" no existiría si en el TEC no se estuviera experimentando
diariamente en la práctica ni sin los estudios teóricos, históricos,
antropológicos, lingüísticos que dan las herramientas para reflexionar
sobre esa práctica. De ahí, esta forma autóctona de crear una
dramaturgia propia.
La
participación individual tanto en el escenario como en la reflexión
sobre nuestro arte es fundamental. Enrique sigue siendo pionero. Es
un método a contrapelo, no ahorra tiempo, ni espacio, ni medios pero le
da impetuosidad al que se atreve a ingresar en esta vía experimental
del teatro latino-americano.
Jacqueline Vidal. Cali, febrero 2008.